
En Quito y los valles, floristerías y restaurantes reportaron buen movimiento durante el día, pero al caer la tarde muchos optaron por celebraciones tempranas en casa para respetar la restricción de movilidad. Las madres ecuatorianas, pilar indiscutible de las familias andinas, recibieron no solo regalos sino reconocimiento profundo por su rol diario: sostener hogares, cuidar en tiempos de inseguridad y reinventarse ante cada dificultad económica.
El domingo 10 de mayo Ecuador celebró el Día de la Madre con flores, comidas y homenajes, pero el toque de queda y las presiones del bolsillo marcaron una fiesta más recogida y hogareña, donde el valor de las mamás brilló con mayor fuerza.
Esta celebración bajo estado de excepción dejó reflexiones potentes. Muchas mamás quiteñas expresaron que su mayor deseo es simplemente “poder vivir sin miedo” y ver a sus hijos con oportunidades. La jornada recordó que, más allá de lo comercial, el Día de la Madre es un tributo a la resiliencia femenina en un país que enfrenta múltiples desafíos simultáneos.
A pesar de las limitaciones, el cariño no faltó. Mensajes, videos y reuniones familiares virtuales o presenciales tempranas llenaron las redes y los hogares. Un recordatorio emotivo de que la unidad familiar sigue siendo el mayor refugio en tiempos complejos.